Cómo una cover letter casi me vuelve loco

Todo empezó con un anuncio de trabajo aparentemente inocente. Como siempre, incluí mi frase mágica al final: "Por favor, envía tu CV y una carta de motivación". Era mi fórmula secreta, pensaba yo, para separar el trigo de la paja. Después de todo, ¿quién no querría mostrar su entusiasmo por el puesto y mostrar lo que no puede mostrar en el CV?

El plot twist que no vi venir

Ahí estaba yo, buscando un coordinador de comunidades, un puesto que requería más habilidades blandas que un pulpo en una clase de yoga. Esperaba una avalancha de cartas brillantes y personalizadas. ¿Qué obtuve? Crickets. Bueno, no exactamente, pero cerca. Menos del 10% de los candidatos se molestó en incluir una cover letter. Y aquí comenzó la reflexión…

El momento "Eureka" (o más bien "¿En qué estaba pensando?")

Fue entonces cuando tuve mi epifanía. En lugar de descartar a todos los que no habían seguido mis instrucciones al pie de la letra (que, seamos honestos, habría dejado el pool de candidatos más vacío que una piscina en invierno), decidí dar un paso atrás y replantearme todo el asunto.

Como todo buen científico (o en este caso, recruiter con complejo de investigador), decidí llevar mi dilema al tribunal supremo de las opiniones profesionales: LinkedIn. Lancé una encuesta que rivalizaría con las elecciones presidenciales en cuanto a suspense. Y los resultados fueron para mí sorprendentes:

  • 40% estaba a favor de la cover letter.

  • Otro 40% la consideraba útil solo en casos especiales.

  • Y un 20% la rechazaba de plano, argumentando falta de tiempo.

Pero aquí viene el giro digno de una telenovela: muchos de los que votaron en contra eran... ¡recruiters! Sí, mis propios colegas estaban tirando piedras contra nuestro tejado.

La revelación

Fue entonces cuando me di cuenta: estamos todos atrapados en un círculo vicioso. Los candidatos no quieren perder el tiempo en cartas que nadie lee, y los recruiters no quieren perder el tiempo leyendo cartas con poca chicha. Era el equivalente laboral del "¿Quién apaga la luz?", donde todos esperamos que sea otro el que dé el primer paso.

Así que tomé una decisión radical: adaptarme. Sí, yo, el recruiter, me adapté a los candidatos y no al revés. Eliminé la petición de la cover letter de mi anuncio y, en su lugar, comencé a pensar en formas más creativas de obtener esa información soft adicional que tanto anhelaba. ¿Killer questions, videos grabados? Las posibilidades son infinitas.

La moraleja de la historia

Al final, todo se reduce a la confianza. Los candidatos han sido quemados tantas veces por recruiters fantasma que ya no quieren (o pueden) invertir tiempo en procesos de selección que pueden cambiarles la vida. Y nosotros, los profesionales de la búsqueda y selección de personal, tenemos la obligación de reconstruir esa confianza.

Así que la próxima vez que estés a punto de pedir una cover letter, pregúntate: “¿Realmente la necesito?” Y si la respuesta es sí, ¿cómo puedes hacer que sea valiosa tanto para ti como para el candidato?

Porque al final, nuestro trabajo no es complicar la vida de los candidatos, sino encontrar al mejor talento y estar a su servicio (y no al revés).

Y a veces, eso significa tirar el libro de reglas por la ventana y escribir uno nuevo.

¡Preferiblemente uno con menos cover letters y más conexiones reales!